DESDE LA TIERRA
DEL
ENFRENTAMIENTO A LA GUERRA SUCIA
LUPE CAJIAS
La intención del Ministro de la
Presidencia, (ex Mayor) Juan Ramón Quintana de auspiciar un documental contra
medios y periodistas bolivianos bajo el título “El cártel de la mentira” pasa del
enfrentamiento a la guerra sucia. No es casual que el anuncio salga de ese
despacho y desde el ministro que aprendió en una escuela gringa de
contrainsurgencia.
Para ese objetivo ha contratado al
corresponsal argentino Andrés Solari, acreditado inicialmente como responsable
en Bolivia de un canal asiático y actual opinador en un canal donado por los
iraníes y de confuso estatus jurídico, cadena que recibe extrañamente
donaciones del mismo ministerio. Quintana y Solari aparecen sonrientes en
diferentes fotos.
La forma de “aviso policial” de la
separata publicada contra ese “cártel” y los primeros interrogatorios (que no
entrevistas) realizados por Solari son un aviso del contenido que tendrá el
film amparado por el poder estatal y que tiene un tufillo de aparato de control
político. Dicen que estarían implicados incluso otros extranjeros, no
periodistas precisamente.
El contrato destapa muchas
preguntas: dónde salió la convocatoria para realizar un trabajo para el estado;
el objeto de la visa de Solari en Bolivia; la doble condición de “corresponsal”
y consultor o ¿ya es funcionario?; cuánto costará el “documental”, con cuál
partida presupuestaria se lo financia; quién tendrá los derechos de autor (el
guionista?); cómo se lo difundirá; cuál es el total del presupuesto asignado?
Una vez más el resultado es un
boomerang porque la iniciativa ha unificado en su contra a dueños,
profesionales y sindicatos. Los del aparato para estatal guardan silencio…
En el grupo de los medios señalados
como “mentirosos” están los principales periódicos del país, entre los cuales
destacan los que lucharon por la democracia en las dictaduras. Hay casos
emblemáticos como “El Deber” que goza de más de 95% de la preferencia del
lector del oriente boliviano.
Se ataca a “Erbol” una red creada
por la Iglesia Católica, que no sólo informa sino que forma con la educación radiofónica
y que tiene programas en idiomas nativos. Las principales autoridades todavía
no dominan idiomas originarios y no podrían participar en los debates en aymara,
en quechua o en guaraní que realiza la cadena. Esa Iglesia tan insultada creó
la primera emisora aymara ¡hace 60 años!
y la cedió a los campesinos
Un par de españoles acomodó la CPE,
un peruano se hizo cargo del manual Trump y ahora un argentino intenta enlodar
a la prensa boliviana.
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