viernes, 6 de enero de 2017

DESDE LA TIERRA
BARRIOS EN PROCESO DE CAMBIO
LUPE CAJÍAS

            El tránsito al 2017 confirma una tendencia que empezó hace lustros y quedó consolidada durante el proceso de cambio- ya decenal-, sobre todo después de la construcción improvisada y descoordinada del Teleférico.
            Sopocachi ha dejado de ser el barrio emblemático del apogeo paceño; barrio de diseño armónico con veredas arboladas y parques continuos, casi cada cinco cuadras, entre ellos el más famoso y recordado, el Mirador El Montículo, datado en 1898. Las construcciones apuradas de edificios son una carga de sombra y de movimiento que no puede ser soportado por sus estrechas veredas. Surgen casas del peor estilo andino, ladrillos sin planos, calaminas y no tejas, puertas de acero para albergar tiendas y ya no zaguanes ni porches con maceteros.
            El colapso de los sistemas de agua potable, de alcantarillado, de parqueos y calzadas está anunciado y ya se siente. Diariamente revientan cañerías de la empresa emblemática del MAS, EPSAS, incapacitada para enfrentar estas presiones por su administración político partidaria y no técnica.
            El Teleférico no fue una solución sino un problema más para el transporte público con una aparente conexión rápida a El Alto pero sin contemplar qué pasa con las miles de personas que ahora disputan a los vecinos un vehículo al centro, a Miraflores o a otras zonas. La Plaza España es la nueva Pérez Velasco.
            Como tal está repleta de dinámicos puestos de venta callejeros, incluso en autos parqueados. Ofrecen camisetas deportivas, calzados de toda procedencia, más allá una señora vende chompas o blusas. Vendedoras de pan compiten con las antiguas panaderías legales y en pleno césped hay ofertas de la gastronomía nacional, más baratas que los restaurantes controlados por la sanidad municipal.
            Lo más notable es cómo desparecen los oficios barriales. En vez del zapatero está una entidad minera. La librería que surtía a todos los escolares está ocupada por una representante internacional. Hay un canal para estatal, una recepción del Ministerio de Gobierno, una semi clandestina red de inteligencia, en vez de la costurera, de la peluquera y del arregla todo.
            Decenas de perros sustituyen a los chiquilines que otrora llenaban el Montículo. Ya no hay hogares, sino departamentos, ya no familias sino parejas o solitarios habitantes. Aún recuerdo como corrían los niños por todo el monte. Sus antiguas casas son ahora oficinas de empresas públicas que no tienen ningún cariño por la zona. No salieron con sus juguetes el 25 de diciembre, como era tan usual, ni con sus risas cantarinas.


            

lunes, 12 de diciembre de 2016

DESDE LA TIERRA
EL AÑO DEL ZORRINO
LUPE CAJIAS

Tantas veces repetimos sobre la inútil convocatoria al referendo para perpetuar
el mandato de Evo Morales. Hace ya un año se sabía que el resultado sería adverso para
esa meta del grupo de poder civil militar, a un alto costo económico para el pueblo y
aumentando la compleja erosión del partido gobernante.
Si enero fue poco, febrero fue loco. El rey quedó tan desnudo como pocos de sus
enemigos podrían haber imaginado. No fue tan grave la revelación de la existencia de
un hijo clandestino como las palabras del mandatario que no sabía siquiera quién era esa
cara conocida y tampoco si había sido padre o no y si vio alguna vez al niño. Aunque
las declaraciones sumisas de sus ministros intentaron justificar tal vergüenza, para la
opinión pública mundial quedó evidente que ese hombre no era un padre decente.
El altísimo porcentaje del “No” en las mesas urbanas y en ciudades completas,
como fue el caso potosino, dejó sin argumentos al grupo palaciego. Durante meses, el
mayor esfuerzo fue intentar revertir el puñetazo que supuso ese “No”. Al mismo tiempo
querían explicar por qué pudo la ex del Jefe despachar negocios desde una oficina
dependiente del super Ministerio de la Presidencia.
Mientras se pasaban los días, las semanas y los meses sin atender la gestión
pública, ya rebasada por una pesada burocracia duplicada en diez años y olvidada de la
meritocracia y del servicio civil. Hace una década inaugurar una cancha de pasto
sintético en Curahuara podía ser simpático; seguir el mismo programa 120 meses es un
exceso. Como lo es también el teleférico descoordinado, el palacio I y el palacio II, los
locales para competir con Viña del Mar, los aviones, los viajes y otros caprichos de
nuevo rico.
La crisis del agua aumentó esa sensación del rey desnudo, él y sus equipos de
amigos, funcionarios poco serios, irresponsables. Muchos habitantes en La Paz, durante
días, sintieron recorrerles un gélido ánimo de desaliento, de impotencia, de contemplar
que todos los esfuerzos municipales, institucionales, personales se derriten por el
manejo populista y clientelar.
El año ya estaba realmente feo y maloliente, orinado por el zorrino como dice el
verso para explicar tantas malas cosas juntas. Pero la explosión fue la muerte de 71
personas por una mala gestión, por un negocio entre amigos donde otra vez aparece el
triángulo chinos-venezolanos- grupo palaciego. Ahora ya no pueden culpar al viento, al

periodista, al imperio. El mundo entero quedó atónito, y parece ser sólo el preámbulo.

DESDE LA TIERRA
ROBERTO DURETTE, UNA VIDA DE LUCHA
LUPE CAJIAS

            Hay periodistas que luchan un día y son valiosos; hay otros que luchan de vez en cuando y aportan mucho; algunos dedican trabajo y vida cotidiana a la defensa de la libertad. Sólo un puñado sacrifica su oportunidad sobre esta tierra para entregarla a los desheredados, a los más pobres entre los pobres, a los paisajes más tristes y más inhóspitos. Ni su patria original, ni su familia, ni su salud los aleja del compromiso.
            Ahí está Roberto Durette, a quien los círculos citadinos ignoran. Sin embargo, él es el mejor de todos con medio siglo dedicado a los mineros y a los indígenas del histórico núcleo Catavi-Siglo XX-Llallagua, Provincia Bustillos, Potosí.
            Nacido en 1935 en Estados Unidos, segundo de una familia de ocho hijos, sintió el llamado del Señor en el colegio y se ordenó de Oblato María Inmaculada en 1960. Dos años después llegó a Catavi, cuando ya los sacerdotes estaban involucrados en las luchas sociales. Seguir de cerca la agonía y muerte de decenas de enfermos de silicosis que escupían los pulmones en el hospital de COMIBOL marcó para siempre su adhesión a los proletarios.
            Después de un par de años en Cochabamba volvió a Llallagua en los críticos momentos de la dictadura de René Barrientos, ya vinculado a “Radio Pío XII” junto al Padre Gustavo. Después de la movilización proletaria de 1975, los militares ocuparon la zona y cerraron la emisora creada en 1959. Algunos curas opinaban que era mejor cerrarla y otros la defendían por ser su obra más importante; fue Roberto el que se ofreció para dirigirla en medio de la represión.
            “La Pío” estuvo en los momentos más significativos tanto de las batallas mineras como las de los campesinos de los combativos ayllus aymaras. Roberto apoyó la difusión y la denuncia de los atropellos contra el pueblo y por ello padeció sucesivos cierres de la emisora y hasta la destrucción de los trasmisores.
            A fines del 77 fueron los oblatos del campamento los que alentaron a las mujeres para el inicio de la histórica huelga de hambre para recuperar la democracia y Gustavo se encargó de la logística. La radio fue la última en ser callada después de una semana de resistencia al golpe de 1980. Se quedó junto a los pocos obreros que dejó la relocalización y en la democracia mantuvo su voz alternativa.
            Fumador empedernido, octogenario, sigue alentando la prensa al servicio del Bien Común, de la fraternidad, del Evangelio vivo.

DESDE LA TIERRA
“VENEZUELA IS COMING”
LUPE CAJIAS

            ¿Se acuerdan cuando venía un militar de boina roja y regalaba cheques aquí y allá, hasta maletines llenos de odiosos dólares? Arribaba con o sin permiso, con gran número de cortesanos y se atrevía a adelantar qué debía hacer el ministro tal o la empresa cual. Muchas veces pregunté por qué y para qué llegaban también sus tropas y cuál era el objetivo real del bunker construido en la plaza principal de Obrajes.
            ¿Cómo rendía cuentas de ese dinero que obviamente no era de él, ni de su familia, ni de su heredero? No existen rastros para conocer cifras reales de cuáles fueron donaciones, cuáles préstamos, cuáles fondos para las diferentes campañas populistas en el continente. Se decía que el mercado venezolano suplantaría exitosamente a otros países y los textiles bolivianos tendrían futuro promisorio.
            Apenas un lustro más tarde, aquella caja falsamente repleta quedó sin papel higiénico, sin pasteles, sin remedios, sin pan y hasta sin ataúdes. Parece que el castigo a  Gomorra se repite. Los excesos llevan a catástrofes humanitarias. Peor los excesos consumistas de los nuevos ricos, generalmente no generadores de su propia fortuna sino acaparadores de reservas públicas.
            Hace poco, el masismo se daba el lujo de regalar una estatua (ya podrida) de un millón de dólares a la capital federal argentina. ¡Qué generosos! Aviones, helicópteros, viajes de sus amigos en vuelos charter a cualquier lugar del mundo, palacios, palacetes, teleféricos, mobilario importado, alfombras persas…
            Mientras se pasó el tiempo donde debió ahorrarse. En vez de trabajar todo el 2016 se dedicó a la imposición para eternizar al cocalero Evo Morales, a la cabeza de Iván Canelas. No hicieron caso a las advertencias. El no-licenciado Álvaro García Linera anunció que el 21 de febrero se apagaría el sol y las estrellas; se equivocó: el firmamento sigue allá arriba; es acá abajo donde falta agua y ahora también la luz.
            ¿Es “Apocalipsis Now”? Quizá. Era previsible según los análisis de expertos en el tema y por lo que informaron hace meses responsables de la cooperación internacional que trabajan en el área del agua potable, el saneamiento básico, la preservación de las áreas protegidas, la observación de tantos cocales que afectan la humedad tradicional.
            Más allá de causas globales, el drama paceño, potosino, orureño, chuquisaqueño, chaqueño pudo prevenirse si no estuviesen hechas trizas las instituciones nacionales, si no se multiplicase pegas para los mismos viajeros de los charter. Si en vez de cerveza se amara más al agua del manantial. Venezuela ya está aquí.



jueves, 27 de octubre de 2016


DESDE LA TIERRA
DONACIONES ÚTILES O CLIENTELARES
LUPE CAJIAS

            La entrega de una ambulancia  para  la atención dentaria ambulatoria destinada a los niños, adolescentes y madres acogidos en las Aldeas del Padre Alfredo, en el departamento de Santa Cruz, hace dos semanas, mereció el agradecimiento de los beneficiados y el aplauso de la prensa y de la comunidad.
            La Ministra de Salud, Ariana Campero, anunció que además se dará un ítem para el odontólogo que aprovechará así la sofisticada instalación con que cuenta esa unidad móvil, incluidos rayos X. Como ya comentamos en otros artículos, la falta de atención dental en el área suburbana y rural es una de las peores muestras del poco avance de la salud pública en el Estado Plurinacional.
            Con esta inversión, de Bs. 734.000, el Ministerio de Salud da un paso gigantesco. Además destacó la actitud de la autoridad porque cumplió el acto público dentro de la institucionalidad de la cartera que desempeña, sin proselitismo, sin aprovechar los micrófonos para insultar a algún “neoliberal” o despotricar contra otro.
            Tanto los medios oficiales como privados pusieron una buena nota a Campero. Me sumo a ese aplauso. La donación fue una promesa del Presidente Evo Morales, quien también entregó hace poco una infraestructura educativa alabando el trabajo social de la entidad católica.
            Son muchos los hogares que atienden a huérfanos o a menores abandonados o en situación de riesgo que necesitarían un apoyo similar, sin condicionamiento político. Están las Aldeas SOS que no sólo educan a sus protegidos sino que extienden su trabajo a las familias vecinas; ¡qué buen uso harían de un vehículo para trasladar alumnos! Qué bueno sería también que el Estado adquiera sus tarjetas de navidad.
            Otra organización que trabaja para alentar la educación y salud en los niños rurales es Fundación Pueblo en Yanacachi, La Paz. Con mucho esfuerzo consiguió algún bus para trasladar a los niños y tenerlos en un internado con el objetivo de que no pierdan energías en largas caminatas. Hace poco el Senado de la Asamblea Legislativa Plurinacional condecoró a su gestor Günther Shulz-Heiss.
            ¡Qué diferente el regalo que hizo el Ministro de la Presidencia, ex capitán Juan Ramón Quintana, al canal semiprivado Abya Yala para usos desconocidos! Por qué no les pide que devuelvan los tres vehículos y en silencio, igual que en ese caso, se los da a este alemán que labura por Bolivia.

            Pasen los vehículos incautados al Ministerio de Salud y dejen de lado el clientelismo. Seguro los resultados serán más satisfactorios y duraderos para todos.

martes, 18 de octubre de 2016

LA MASACRE DE TOLATA Y EPIZANA

LA MASACRE DE TOLATA Y EPIZANA
LUPE CAJÍAS

            El 28 de enero es una fecha sangrienta para la luchas de los pueblos originarios bolivianos. En 1892, durante el gobierno de Aniceto Arce, los militares acribillaron a miles de guaraníes que protestaban contra la expansión de los hacendados que los arrinconaban más allá de las últimas estribaciones de la cordillera. En 1974, los militares acribillaron a decenas de quechuas que protestaban por el alza de los precios de los productos de la canasta familiar decretada por el dictador Hugo Banzer.
            Kuruyuqui, en la frontera entre Chuquisaca y Santa Cruz, Tolata y Epizana y otras poblaciones del Valle Alto en Cochabamba, se sumaban a los nombres de Jesús de Machaca en el altiplano aymara, los bordes de la carretera entre Oruro y Cochabamba, los caseríos en las orillas de ríos benianos. Muchas muertes, desapariciones, pueblos arrasados, para construir imperios económicos y políticos de unos pocos.

LUCHAS AGRARIAS EN EL SIGLO XX

            Las luchas agrarias en Bolivia tuvieron varios episodios sobresalientes desde el inicio del siglo XX. La protesta de los guaraníes en las tierras bajas contra la conquista karai republicana, acentuada desde 1840, no fue aprovechada por sus hermanos, antiguos enemigos, en el altiplano norte. Bajo el mando del aymara Pablo Zárate Willca en el altiplano norte, los originarios luchaban por recuperar sus tierras de comunidad, ambición distorsionada y luego traicionada por los liberales durante la Guerra Federal de 1898. No existen indicios que hagan sospechar de algún tipo de relación entre ambos levantamientos. Recién en 1990, con la primera Marcha por la Tierra y el Territorio, los indígenas de tierras bajas complementarían sus batallas con las de los andinos.
            Otra resistencia entre los comunarios al inicio del Siglo XX era el accionar de los llamados apoderados para conseguir el reconocimiento legal a los títulos de tierras de comunidad; los enfrentamientos contra los patrones en Jesús de Machaca; las tomas violentas de haciendas en los años 40 con el apoyo de la anarquista Federación Agraria Departamental; la lucha por la Reforma Agraria. También se juntaron a ello demandas por acceder a la educación, que recién fue posible en los años 30 en un lento camino.
            Probablemente la medida más profunda de la Revolución de 1952 fue la Reforma Agraria firmada el 2 de agosto de 1953 en Ucureña, justamente por el símbolo de los esfuerzos de los quechuas para recuperar las tierras que trabajaban. Fue el decreto que cambió la relación de fuerzas sociales en el país. Desde esa fecha hasta los años 60 se repartieron miles de hectáreas y el campesinado en todo el país apoyó militantemente y por años al partido que se apoderó de la consigna “Tierras para los indios”.
            Durante años, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) aprovechó ese respaldo y tejió un enjambre clientelar que dividió al movimiento campesino y nombres como Achacachi y Ucureña se relacionaron más con matonaje que con libertad. Paulino Quispe “Wila saco” no consiguió el mismo liderazgo obrero que el minero Juan Lechín.
            El llamado “Bloque Independiente” comenzó una conflictiva posición distanciada del oficialismo y más aliada con la Central Obrera Boliviana. Mientras la corrupción de pagos y prebendas desmoronaba al sindicalismo nacionalista.
            René Barrientos, militar, viajero incansable y conocedor del quechua, utilizó su carisma para alentar sobre esas cenizas un desvío aún más conflictivo, el Pacto Militar Campesino que fue canalizado para aumentar la corrupción entre los indígenas y fue empleado para reprimir a los mineros, los cívicos, los universitarios.
            En los años finales de los años 60, fue la Iglesia Católica guiada por la Teología de la Liberación y las Comunidades Eclesiásticas de Base, una de las pocas instituciones que intentó organizar a los agrarios. Varios curas y religiosos recuperaron la memoria de Kuruyuqui y los indígenas de tierras bajas comenzaron una lenta pero vigorosa organización.
            En la parte aymara, bajo el alero casi clandestino de curas bolivianos y extranjeros, se firmó en Tiahuanacu, un Manifiesto que planteaba claramente el objetivo de la toma de poder y reconocía como aliados naturales a los mineros y a la COB. Germen que fortalecería las corrientes kataristas (indianistas) surgidas desde 1962 y la futura Confederación Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).
            En el valle, también los agrarios comenzaron a organizar su protesta sobre todo porque las limitaciones de la Reforma Agraria ya eran evidentes y el cambio esperado no había llegado.

TOLATA Y EPIZANA
           
            Los campesinos del Valle Alto de Cochabamba iniciaron la revuelta reclamando el alza de los precios de los artículos de primera necesidad y su ejemplo cundió en pocos días por todo el país. La respuesta fue, una vez más, la metralla. Las Fuerzas Armadas cogobernantes, se encargaron de ejecutar la masacre, cuyo número de muertos y heridos nunca se sabrá con exactitud.
            En 1998, el Ministerio de Educación ordenó la destrucción de miles de calendarios preparados por voluntarios alemanes para ser distribuidos en el campo. El Presidente Hugo Banzer Suárez, elegido por el voto indirecto parlamentario, no  quería que entre las fechas conmemorativas figurase el 28 y 29 enero de 1974, una de las muchas violencias durante su época de dictador.
            La historia oficial tiende a desdibujar los episodios de luchas populares o a olvidarlos en los textos escolares. ¿Cuántos niños bolivianos conocen la Masacre de Tolata y Epizana? ¿Cuántos adolescentes recuerdan cómo actuaba el Pacto Militar Campesino? ¿Qué bolivianos tienen el libro de la Asamblea de Derechos Humanos con la relación de los sucesos?
            Una frase de Hugo Banzer quedó grabada en “Presencia”, el matutino que se atrevió a denunciar las muertes y desapariciones. El dictador declaró: “Si encuentran un comunista, mátenlo”, ofreciendo recompensa por ello. El episodio marcó con fuego el final de los sindicatos corrompidos y el vigoroso nacimiento de un movimiento campesino que se alió con los oprimidos en las minas y en las ciudades.
            Hace poco, en 2014, cuando se conmemoraban los 40 años de los hechos, recordaba cómo me tocó por el azar estar en la carretera entre Cochabamba, Oruro y La Paz aquel triste enero, junto a mis hermanos, a quienes escribí una carta.
            “Se acuerdan hermanos de aquel cochala de abarcas, con las manos abiertas y ese rostro patético que no se atrevía a bajar la vista hacia los cadáveres que lo rodeaban?
            “Era fines de enero de 1974 y el papá había cargado con tantos hijos en un viaje por medio país para que “conozcan sus raíces, antes de pensar en el extranjero”. Al regreso, en plena carretera, nos tocó palpar heridos amontonados en los caimanes del Ejército y las hembras llorosas corriendo por detrás.
            “La foto quedó inmortalizada en la primera página de “Presencia” y los activistas católicos de la flamante “Justicia y Paz” investigaron y denunciaron los hechos ante todo el mundo.”
            La Masacre de Tolata y Epizana significó en el devenir de las luchas sociales el punto final al Pacto Militar Campesino. El movimiento comenzó con la protesta de los fabriles de “Manaco” el 22 de enero paralizando Quillacollo. El 24 los campesinos salieron a bloquear la carretera a Santa Cruz, en una de las primeras cortes de ruta como protesta social, contra los decretos banzeristas. Probablemente nadie esperaba la reacción campesina
            La protesta creció por todo el Valle Alto y los militares intentaron inicialmente usar la división y la corrupción que les fueron útiles con el Pacto Militar campesino. Sin embargo, sin siquiera un liderazgo claro, los agrarios no se movieron.

EL OLVIDO

            Hace dos años, las autoridades ofrecieron un monumento para recordar a los campesinos muertos en Tolata; sin embargo, no se cumple con ello porque esas son heridas que afectan al nuevo Pacto Militar/Movimiento al Socialismo.
            Se rearticula la represión contras los agrarios de las tierras bajas como sucedió en Chaparina, delito sin castigo y que pudo ser mucho más dramático sin la solidaridad de los pobladores de San Borja y Rurrenabaque. Uniformados, cocaleros y colonizadores atacaron a las nuevas víctimas, los más pobres, trinitarios, moxeños, los defensores de parques nacionales, de tierras de origen, sean del TIPNIS, de Carrasco, de Guarayos.
            El escándalo del Fondo Indígena, que burló desde el inicio los mecanismos de control administrativo, no solamente es el peor caso de corrupción en la época democrática, sino el peor uso del clientelismo y de la compra de dirigentes para anular el movimiento originario y campesino.
            Así como la COB está anulada en su esencia, tampoco la CSUTCB, la CIDOB y otras organizaciones sindicales agrarias mantienen su independencia y recuerdan a sus héroes y mártires.
           


lunes, 17 de octubre de 2016

Catre de fierro


DESDE LA BUTACA
CATRE DE FIERRO, UN ESPEJO PACEÑO
LUPE CAJÍAS

            Nadie tiene ojos más amplios que aquellos forasteros que llegan de ultramar, con una cabeza formada en otros ambientes, y quieren conocer y aprehender sobre otra cultura, en este caso desde la profunda Inglaterra hasta Los Andes y ahí descuartizar la complicada sociedad rural paceña a lo largo del intenso Siglo XX.
            Y nadie mejor que Alison Spedding (Belper, 1962) para adentrarse en la saga de una familia de hacendados pobretones y provincianos: los Veizaga con sus ramificaciones legales y de hijos “naturales”; el paisaje emblemático del quiebre que trajo la Reforma Agraria en los poblados valles intrandinos: Saxani, Suri, Inquisivi; la participación política desde los cubretachos liberales, los movimientistas hasta el mirismo de una clase que nunca logró ser aristocrática y ni siquiera burguesa; y los entreveros de personajes típicos de la urbe más indígena de la América morena con su cultura inalterada en 500 años.
“Catre de fierro”
            “Catre de fierro” (Plural, La Paz, 2015) es la ficción más ambiciosa de la reconocida autora que deja atrás la trilogía fantástica de sus saturninas para retratar los cambios sociales y culturales en la estructura sociocultural boliviana (paceña) a través de una familia impactada por la Revolución nacionalista de 1952 y desbordada por los excesos de sus sucesivas generaciones.
            La novelista no se desprende de la rigurosa académica, de la antropóloga, que ha vivido en las entrañas de su objeto de estudio. No es casual que la obra comience sus 460 páginas de denso contenido con la presencia del “albañil”- el mejor personaje andino para unir el campo y la ciudad- y el ritual a la madre tierra precolombino con el edificio ultra moderno. Describe aquella noticia susurrada de los entierros humanos en las esquinas de puentes o grandes construcciones en La Paz. La metrópoli orgullosa intentando no mirar a los yatiris del Faro Murillo, a sus ayudantes y artilleros que manejan sus hilos oscuros y profundos.
            Ese “catre de fierro” es como un resumen del argumento, catres que existen aún en los alojamientos o en hoteles baratos pueblerinos y que en un tiempo eran signo de grandeza. Catres donde se unen las parejas vinculadas por un juez y un cura y las otras de raptos o juegos clandestinos, donde el victorioso es el mestizaje indómito. Ahí mismo nacerán los vástagos legales, los reconocidos y los achacados. Catres donde morirán los viejos. Colchones olorosos al paso del tiempo, de la abuela, del hijo, de la amante, del bastardo, del orín y del semen.
“Todos habían sido hermanos”
            Aunque la novelista despliega una cantidad de nombres intercalados por un tiempo narrativo desordenado y demasiados escenarios rurales y citadinos, el lector atento tiene en las voces narrativas de los personajes secundarios (Matías Mallku, el yatiri, Jorge el huérfano, Nemesio, el preso) el hilo de Adriana para no perderse en el laberinto.
            Las mujeres son la columna vertebral que impulsa el desarrollo del relato, sobre todo las más aymaras, las cholas. Clotilde, Dorotea, Justina superan a las patronas y a las universitarias por su fuerza para vencer el abandono como hijas del pongueaje, la violencia sexual, la exclusión e imponerse al final con sus puestos de comida, de bebida, de prostitución o con la venta en el Shopping La Whipala en plena Eloy Salmón.
            Aunque la trama principal sigue las ambiciones económicas y políticas de los hombres de la familia Veizaga, sus fracasos y sus amoríos frustrados, son estas hembras las que caracterizan a la comunidad que describe Spedding, abigarrada, barroca y compleja, como la foto que acompaña la contraportada del libro.
Voces narrativas
            Spedding es siempre original y su escritura no se enmarca en otros autores bolivianos o andinos, aunque reconoce su gusto por el estilo de René Bascopé y de Adolfo Cárdenas para describir La Paz, logrando lo más difícil: dar el tono creíble y justo a los personajes andinos y cholos. Probablemente su conocimiento profundo del inglés, del español y del aymara le permite narrar con un lenguaje incorrecto, de sintaxis fatal y lleno de verbos secundarios, tan característico de los collas.
            Cada matiz, cada tono, de las voces narrativas, permite imaginarnos el rostro y las actitudes de los miembros de un clan que aparenta ser oligárquico pero no puede esconder su mestizaje real, hasta los tuétanos.
            El relato es trágico y a la vez cómico, lleno de detalles de objetos y rituales que  compartían las abuelas y las sirvientas de una época decadente y a la vez nueva con la llegada del Movimiento Nacionalista Revolucionario al poder. Una bacinica, vaciada a la madrugada, está tan llena de nostalgias como la tienda siempre semi vacía en una calle pueblerina, atendida por la antigua patrona para evitar aburrirse, para evitar irse a la ciudad donde nadie la conoce.
            El mundo oscuro de la Sagárnaga hacia las callejuelas de esa aún desconocida Chuquiago Marka, con sus yatiris y brujos y Matías se convertirá en un contrapunto a la historia familiar llena de amores esquivos, militancias políticas fracasadas y ambiciones económicas burladas por el comercio informal que gana la partida.
            Aunque formalmente aparece como la historia de una larga venganza, de los resentimientos sociales individuales y colectivos, y una novela para encontrar al asesino, la obra es sobre todo un retrato sutil de La Paz. Spedding es capaz de crear personajes reales y no indígenas prefabricados (“buenitos”) o mestizos políticamente correctos o blancos “for export”.
            La vida en la hacienda, los viajes a mula en los años 40 por la ruralidad terrateniente, las costumbres, las comidas, las bebidas, la hoja de coca y su influencia, el narcotráfico, las cárceles sin candado, el Panóptico de San Pedro, las pensiones, las casas de inquilinos en el centro paceño, la vejez, las muertes, son los otros puntos de apoyo en este libro que ha sido considerado el mejor publicado en el último quinquenio.


            

Guerra sucia

DESDE LA TIERRA
DEL ENFRENTAMIENTO A LA GUERRA SUCIA
LUPE CAJIAS

            La intención del Ministro de la Presidencia, (ex Mayor) Juan Ramón Quintana de auspiciar un documental contra medios y periodistas bolivianos bajo el título “El cártel de la mentira” pasa del enfrentamiento a la guerra sucia. No es casual que el anuncio salga de ese despacho y desde el ministro que aprendió en una escuela gringa de contrainsurgencia.
            Para ese objetivo ha contratado al corresponsal argentino Andrés Solari, acreditado inicialmente como responsable en Bolivia de un canal asiático y actual opinador en un canal donado por los iraníes y de confuso estatus jurídico, cadena que recibe extrañamente donaciones del mismo ministerio. Quintana y Solari aparecen sonrientes en diferentes fotos.
            La forma de “aviso policial” de la separata publicada contra ese “cártel” y los primeros interrogatorios (que no entrevistas) realizados por Solari son un aviso del contenido que tendrá el film amparado por el poder estatal y que tiene un tufillo de aparato de control político. Dicen que estarían implicados incluso otros extranjeros, no periodistas precisamente.
            El contrato destapa muchas preguntas: dónde salió la convocatoria para realizar un trabajo para el estado; el objeto de la visa de Solari en Bolivia; la doble condición de “corresponsal” y consultor o ¿ya es funcionario?; cuánto costará el “documental”, con cuál partida presupuestaria se lo financia; quién tendrá los derechos de autor (el guionista?); cómo se lo difundirá; cuál es el total del presupuesto asignado?
            Una vez más el resultado es un boomerang porque la iniciativa ha unificado en su contra a dueños, profesionales y sindicatos. Los del aparato para estatal guardan silencio…
            En el grupo de los medios señalados como “mentirosos” están los principales periódicos del país, entre los cuales destacan los que lucharon por la democracia en las dictaduras. Hay casos emblemáticos como “El Deber” que goza de más de 95% de la preferencia del lector del oriente boliviano.
            Se ataca a “Erbol” una red creada por la Iglesia Católica, que no sólo informa sino que forma con la educación radiofónica y que tiene programas en idiomas nativos. Las principales autoridades todavía no dominan idiomas originarios y no podrían participar en los debates en aymara, en quechua o en guaraní que realiza la cadena. Esa Iglesia tan insultada creó la primera emisora aymara  ¡hace 60 años! y la cedió a los campesinos      

            Un par de españoles acomodó la CPE, un peruano se hizo cargo del manual Trump y ahora un argentino intenta enlodar a la prensa boliviana.

viernes, 7 de octubre de 2016

DESDE LA TIERRA
¿QUIÉN DEFIENDE A MARIANELA?
LUPE CAJIAS

            Con o sin sombrero, con o sin procesos a las personas que la maltratan en las redes sociales, refugiándose en su condición de mujer o mostrándose como discriminada mestiza, con o sin millones, la Ministra de Comunicación, Marianela Paco no podrá vencer el juicio de la Historia, la voz del Tiempo, el implacable que dura más allá de todo gobierno, por larguero que éste sea.
            Paco ha convertido su cargo en el espacio de mayor confrontación con sus pares, aunque justamente su cartera es de C-o-m-u-n-i-c-a-c-i-ó-n; es decir de servicio público como el máximo canal oficial para llevar información de un emisor a un receptor con el objetivo de consolidar a los adeptos y de convencer a los indecisos; ojalá también para ganar a los indiferentes, sorprender a los contrarios con sólidos argumentos.
            Paco no parece conocer cómo funciona la comunicación social, más aún en la era de las nuevas tecnologías y de la rapidez con la cual se repiten los mensajes. No todo es propaganda. La comunicación actúa sobre todo para impactar en el mediano y en el largo plazo, como una gota de agua que horada la piedra dura.
            Desde la apertura democrática, sobrepasó incluso la actitud de Iván Canelas contra el gremio, quien organizó en su momento los ataques humillantes del Primer Mandatario a periodistas de base. Es como si el Ministerio de salud dedicase sus fuerzas a atacar a los médicos.
            Es cierto que no le ayudan sus colegas, sobre todo aquellos adscritos al manual del insulto y la provocación, pero ella podría exhibir los saberes que aprendió en las aulas universitarias. ¿Logra Marianela proteger a Evo Morales como es la tarea de un vocero? Sería interesante conocer cuál es el impacto de sus intervenciones en la opinión pública urbana o rural.
            Ejemplo, su “denuncia” contra la reunión del flamante presidente peruano con un opositor boliviano. ¿Acaso no ve el panorama mayor de la necesidad boliviana de acumular aliados y no de aislarlos por un motivo trivial? Resultado, ese mandatario viajó primerito a Chile.
            O el manejo por la ausencia de Morales en la ceremonia en Cartagena. A las fallas de un embajador distraído, de una cancillería opaca, se sumó el rol de quien debería explicar por qué el desatino. Mientras millones miraban el apretón de manos colombiano, Evo discurseaba a los cocaleros. Encima un spot de él hablando ante una sala semi vacía en la Asamblea de Naciones Unidas.

            Lo último, regala libretitas recomendando que para ser buen periodista hay que ser buena persona….